En un testimonio del conflicto armado colombiano, un loro llamado Lola repetía las frases que escuchaba a su alrededor: “Paraco asesino”, “Viva la guerrilla” y “Los buitres están llegando”. Su voz condensaba los sonidos, los miedos y las tensiones políticas de la guerra en un archivo de memoria multiespecie. Lejos de ser testigos pasivos, los animales se movían dentro de las infraestructuras del conflicto como compañeros, alarmas, medios de transporte y, en ocasiones, incluso como armas.

Figura 1: Un loro posado en un entorno tropical. Aves como los loros, frecuentemente asociadas con regiones como Colombia, pueden actuar como portadoras de sonido y memoria, evocando voces humanas y participando en las infraestructuras sensoriales del conflicto. (Imagen de Deisy Vidal en Unsplash). Fuente: https://unsplash.com/photos/red-green-and-blue-parrot-on-brown-tree-branch-during-daytime-57SHaZUAOtQ
Sin embargo, estas incorporaciones violentas son solo la expresión más extrema de un mundo multiespecie más amplio en el conflicto. A lo largo de las zonas rurales de guerra en Colombia, los animales formaban parte integral de campamentos, caminos, ríos, fincas y lugares de cautiverio como compañeros, tecnologías de guerra, fuentes de alimento e intrusos no deseados. Aunque la memoria de la guerra en Colombia suele centrarse en actores humanos, surge una pregunta: ¿cómo podemos reconstruir la memoria del conflicto armado colombiano incluyendo a los animales que también lo experimentaron? Recordar el conflicto armado a través de estas relaciones implica ampliar el archivo más allá del testimonio humano y repensar la guerra misma como un ensamblaje multiespecie.
Este proceso ha producido profundas consecuencias sociales, políticas y humanitarias, entre ellas el desplazamiento forzado de poblaciones, la persistencia de la violencia en zonas rurales e innumerables violaciones a los derechos humanos. En este contexto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) surgieron en 1964 como una guerrilla de orientación marxista-leninista que buscaba la transformación del orden político y del modelo de distribución de la tierra en el país. Su accionar se concentró principalmente en áreas rurales, donde implementaron diversas formas de guerra irregular; posteriormente, en 2016, esta organización firmó un acuerdo de paz con el gobierno colombiano, constituyendo un hito en la reducción del conflicto armado, aunque algunas de sus dinámicas y efectos aún persisten en ciertas regiones del país.

Figura 2: Miembros armados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1998. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Revolutionary_Armed_Forces_of_Colombia_(FARC)_insurgents.GIF
Sin embargo, estas narrativas tradicionales dejan por fuera otros modos de experiencia y registro del conflicto que no han sido suficientemente problematizados, como por ejemplo las interacciones, usos, relaciones y vínculos con los animales que habitaban y transitaban, al mismo tiempo que los humanos, los contextos de conflicto armado. El conflicto armado colombiano no fue únicamente una relación entre actores humanos, sino un fenómeno que se desarrolló en entornos rurales profundamente híbridos, donde múltiples formas de vida participaron, fueron afectadas y reconfiguraron las dinámicas de la guerra. Esto no implica otorgarles voz en sentido antropomórfico, sino reconocer que estuvieron inscritos en redes socio-técnicas y afectivas que influyeron en la configuración material de la guerra. Al descentrar la mirada antropocéntrica, se hace visible un ensamblaje multiespecie que atravesó la vida cotidiana del mundo rural durante el conflicto: perros, mulas, caballos, cerdos, primates, insectos, roedores, ganado y aves no fueron únicamente testigos pasivos o instrumentos, sino que participaron en la transformación de prácticas, decisiones y relaciones de poder como agentes relacionales dentro de estos entramados.
“Las luciérnagas sirvieron como linterna en las pernoctadas donde cualquier luz artificial podía la ubicación y posterior bombardeo; la mantis religiosa se posaba sobre las hojas, muchas veces acompañando al centinela en los turnos de guardia. Los micos llegaban por grupo entre las ramas de los árboles a los campamentos a tomar comida; algunas veces los monos aulladores eran la alarma de que se aproximaba la gente, mientras los Titís parecían burlarse de quienes los observaban. La danta podía ser causa de un gran susto cuando se escuchaba el sonido de su desplazamiento” (Sanroque en Álvarez, 2021).
Mi apuesta teórico-metodológica desde el campo de los estudios sociales de ciencia y tecnología, propone comprender a los animales como actantes no humanos (Latour, 2005), es decir, como entidades capaces de incidir en la configuración de redes socio-técnicas; como cyborgs (Haraway, 1991), que componen la dicotomía naturaleza-cultura; y como partícipes de técnicas-en-uso (Edgerton, 2007), cuyos sentidos emergen en la práctica más que en la innovación técnica. Esta triada posibilita abordar de manera situada el papel de los animales en el conflicto armado colombiano. En este marco, la relevancia de los animales no radica en su excepcionalidad, sino en la eficacia situada con la que participan en prácticas de supervivencia, transporte, vigilancia, compañía o alimentación en la cotidianidad de la guerra. En consecuencia, se desplaza la pregunta por una esencia de lo animal y, por el contrario, se ponen en evidencia formas de agenciamiento multiespecie que estructuran la vida cotidiana del conflicto armado en el país.
Los animales desempeñaron un papel activo y diverso: fueron compañía para combatientes, pobladores locales, personas en cautiverio y civiles en entornos cercanos a campamentos guerrilleros; funcionaron como dispositivos de vigilancia al alertar sobre la proximidad del enemigo y facilitar la definición de rutas; hicieron posible el transporte de medicamentos, víveres, heridos y miembros de grupos armados; y contribuyeron a la alimentación mediante la pesca, la cría de ganado o el abastecimiento articulado con centros urbanos. Al mismo tiempo, su presencia también generó formas de coexistencia conflictiva, ya fuera por la transmisión de enfermedades, el deterioro de enseres o su irrupción en espacios estratégicos de la guerra.

Figura 3: Un perro se encuentra detrás de una cerca de alambre de púas en un entorno rural. En contextos de conflicto, los animales suelen operar dentro de regímenes de vigilancia y control territorial, desdibujando los límites entre compañía, centinela e infraestructura dentro de ensamblajes multiespecie de la guerra. (Imagen de Daniel Quiceno en Unsplash). Fuente: https://unsplash.com/photos/white-and-black-short-coated-dog-JlusPYi4bhw
De este modo, lejos de ser actores marginales, los animales participaron en la configuración material y cotidiana del conflicto, evidenciando que la guerra se sostuvo a través de relaciones multiespecie que combinaron cooperación, dependencia y fricción. A continuación, hacemos un acercamiento a testimonios que dan cuenta de la agencia de los animales en las redes sociotécnicas del conflicto armado interno.
En términos de compañía, los relatos muestran cómo ciertos animales se integraban a la vida cotidiana de los cautivos y combatientes, generando vínculos afectivos que incidían en su experiencia del conflicto: “El comandante nos regaló tres gallinas, dos enanas blancas y un gallo fino (…) aquellos animales pasaron a formar parte de nuestro grupo y nos permitían relajarnos un poco” (Rojas, 2009, p.186).
En otros casos, los animales operaban como dispositivos de vigilancia, participando activamente en la anticipación del peligro: Pasaba su vejez en un rancho, donde tenía unas vacas, dos perros y una lora llamada Lola, que hablaba perfectamente todo lo que escuchaba a doña Ximena: era una “mona amarilla”; de plumaje verde, amarillo, negro y rojo. Lola pronunciaba muchas cosas: “Paraco asesino”;. “Viva la guerrilla”; Vienen los chulos [refiriéndose al grupo armado enemigo] (Cruz, 2021, p. 78). Asimismo, su papel en el transporte fue fundamental para la movilidad en territorios de difícil acceso: En la mayoría de los frentes de las extintas FARC-EP, tuvimos mulas para el apronte de carga hasta cerca de los campamentos, incluso hicimos largos caminos, a través de trochas, carreteras y caminos que nos conectaban con otras regiones y departamentos. Las que no podíamos tener cerca de los campamentos, las teníamos en las fincas vecinas y en trabajaderos construidos por nosotros mismos en la selva. Las mulas fueron esenciales y útiles para alivianar las duras faenas en el combate, aproximando material de guerra cerca de estos eventuales escenarios. (Cruz, 2024, p.93)
En relación con la alimentación, los testimonios evidencian prácticas de subsistencia en las que los animales eran incorporados directamente a la dieta: Un día salió debajo de donde nos bañábamos una babilla (…) los guerrilleros lo mataron y nos la comimos en el almuerzo (…) en un sitio en el que paramos a orillas de un rio (…) trajeron un novillo para matarlo y después ahumaron la carne para llevarla y continuar la marcha (…) nos trajeron pescado moquiado, un pescado que así como se pesca se expone al humo sin sacarle absolutamente nada hasta que queda como asado, listo para el consumo y, antes de consumirlo puede durar muchos días sin que se dañe. (Pinchao, 2008, p. 146, 160 -161).
Por otra parte, estas relaciones también implicaron formas de coexistencia conflictiva, en las que los animales afectaban materialmente la vida cotidiana: Tuve la pésima idea de poner a secar mi ropa interior en la rama de un árbol, a pleno sol. Cuando volví por las prendas me dio un ataque de risa incontenible. Las hormigas habían hecho circulitos con la tela y se las habían llevado. Lo que quedaba fue acaparado por las termitas, que usaban el material para construir sus túneles (Betancourt, 2010, p.139).
Además, el uso de animales bomba constituye una de las expresiones más extremas de coexistencia conflictiva entre actores armados y animales en contextos de guerra, al evidenciar la instrumentalización violenta de la vida no humana dentro de las dinámicas del conflicto. Animales como perros, caballos, mulas, burros o incluso tortugas fueron cargados con explosivos, introducidos en espacios urbanos y rurales y, posteriormente, detonados. Esta práctica muestra cómo los animales fueron incorporados de manera forzada en redes de violencia, donde su corporalidad es convertida en medio de ataque, eliminando cualquier forma de agencia propia y revelando una forma límite de relación interespecies.
En esta red entre animales y actores sociales, la agencia relacional se configura a través de negociaciones constantes de coexistencia, en las que humanos y no humanos ajustan sus comportamientos según los entornos que habitan y transitan. Estas negociaciones no responden a decisiones plenamente simétricas, sino a procesos situados de ajuste en los que se reconfiguran los vínculos interespecies y emergen valores que oscilan entre el cuidado y la instrumentalización, así como entre el afecto, la utilidad y las necesidades de subsistencia (Sánchez, 2025).
Desde esta perspectiva, no se busca generalizar ni homogeneizar estas relaciones, sino dar cuenta de la heterogeneidad de prácticas y ensamblajes en los que participan los animales no humanos. Cada relación configura materialidades, afectos y formas de utilidad específicas, produciendo experiencias situadas e irreductibles entre sí. En este sentido, como plantean Law y Mol (2009)
“No se puede saber lo que es una oveja observando una fotografía. Ayuda más desenmarañar las prácticas en las que una oveja figura, en las que es actuada de una forma o de otra. Si hacemos esto entonces no descubrimos una oveja que está unificada y es coherente. Por el contrario, encontramos una “oveja múltiple”.
Esto es porque en cada práctica se produce una oveja ligeramente diferente. No se trata de identificar una esencia unificada de lo animal, sino de rastrear las prácticas en las que actúa y es actuado. Así, lejos de un animal coherente y singular, lo que emerge es una multiplicidad: en cada práctica se produce un animal distinto. Esta perspectiva cuestiona las narrativas tradicionales del conflicto armado colombiano que han reducido a los animales a meras máquinas de guerra. En cambio, son comprendidos como actantes situados, cuya agencia se configura en redes de afecto, utilidad, riesgo y supervivencia. Desde la perspectiva de los Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología (ESCT), este enfoque enfatiza la naturaleza relacional y distribuida de la agencia entre actores humanos y no humanos.
Las narrativas examinadas muestran cómo estas interacciones desdibujan las fronteras entre lo utilitario y lo afectivo, lo domesticado y lo salvaje, complejizando la comprensión de la guerra en su dimensión cotidiana. Reconocer esta multiplicidad no solo amplía el campo de la memoria, sino que también transforma la manera en que entendemos quiénes participan en la guerra, obligando a repensar los límites mismos de lo político y de lo humano en los estudios del conflicto.
Este post fue curado por el editor colaborador Juan Camilo Ospina Deaza y revisada por la Editora Contribuyente Andra Sonia Petrutiu
Referencias
Álvarez, J. (2021). Common Nature. Non-fiction accounts by ex-combatants for reconciliation. Editorial Lectores Secretos.
Betancourt, I. (2010). There Is No Silence That Does Not End. Aguilar, 3rd edition.
Cruz, M. (2021). Pets in the Armed Conflict and Other Stories. La Imprenta.
Cruz, M. (2024). Pets in the War II. Eleven Market Editorial.
Edgerton, D. (2007). Innovation and Tradition. Crítica, Barcelona; Spanish translation, Spain.
Haraway, D. (1991). Science, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature. Spain: Ediciones Cátedra, Universidad de Valencia.
Latour, B. (2005). Reassembling the Social: An Introduction to Actor-Network-Theory. Manantial Publishing.
Law, J., & Mol, A. (2009). The enacted actor: Cumbrian sheep in 2001 = El actor-actuado: La oveja de la Cumbria en 2001. Política y Sociedad, 45(3), 75–92.
Pinchao, J. (2008). My Escape to Freedom. Ediciones Planeta: Colombia.
Rojas, C. (2009). Captive. Bogotá: Grupo Editorial Norma.
Sánchez, V. (2025). Animals and Armed Conflict in Colombia: Tracing Uses, Assemblages, and Non-Human Actants. Master’s thesis in Social Studies of Science and Technology, Universidad Nacional de Colombia. Available at: https://repositorio.unal.edu.co/items/37b6c5aa-7ed2-4b79-94fd-ae65d7bc250f