Distraction Free Reading

Conmemorar una Erupción

Sobre un escenario improvisado, un trío vestido con gabanes de lana cantaba pirekuas, el género musical más aclamado y querido de la región, en una mezcla de purépecha y español. A pesar de sus melodías alegres y suaves, las letras de las canciones describían una época de miedo y destrucción cuando, hace ochenta años, el Paricutín, el volcán más joven del mundo, emergió de una milpa y devastó la región. Durante el evento, los puestos vendían quesadillas, papas fritas, refrescos y cervezas a la expectante multitud, reunida en torno a una fogata instalada dentro de un volcán en miniatura. Este contraste entre festejos aparentemente alegres y conmemoraciones solemnes marcó el ambiente de aquella noche.  Varios policías municipales uniformados y fuertemente armados vigilaban nerviosos el horizonte. En estos tiempos, éste es un territorio en disputa principalmente entre los grupos del crimen organizado. También es la primera vez que se celebra un acto de este tipo en el lugar conocido localmente como “las ruinas,” una referencia a los restos de la antigua iglesia de San Juan Parangaricutiro, la única estructura que sobrevive de todo un pueblo sepultado bajo la espesa y escarpada lava.

Fogata en el interior del volcán en miniatura de Las Ruinas.

Imagen 1. Fogata en el interior del volcán en miniatura de Las Ruinas. Foto: Sandra Rozental.

Aunque este extraño paisaje que combina arquitecturas humanas y no humanas ha sido una atracción turística emblemática desde hace décadas, esta noche brilla bajo las luces de la conmemoración. Las autoridades de San Juan Nuevo, la localidad donde fueron reubicados los residentes del pueblo devastado, instalaron guirnaldas de luces led azules para iluminar las ruinas. Su cegador resplandor hacía que la silueta del cono volcánico apenas fuera visible a la distancia. A las 9 de la noche, la montaña empezó a emitir explosiones incandescentes. No eran producto del magma fundido que emergía con fuerza del núcleo de la tierra, como había ocurrido décadas atrás, sino fuegos artificiales fabricados a propósito que, solo unos días después de los festejos de San Valentín, giraban estrepitosamente escupiendo al cielo chispas naranjas y rojas en forma de corazón. Turistas nacionales y visitantes locales admiraron en silencio el espectáculo sentados incómodamente en las afiladas superficies rocosas junto a las ruinas; otros optaron por vistas panorámicas del espectáculo volcánico desde la terraza del restaurante y parador turístico de la cercana localidad de Angahuan.

En México somos proclives a celebrar los aniversarios. Nuestra cultura política se basa y nutre de la conmemoración, los centenarios y los bicentenarios. El volcán no es la excepción. Cada aniversario de su nacimiento, el 20 de febrero, es conmemorado tanto por los lugareños, que recuerdan su erupción y sus efectos destructivos, como por instituciones académicas y organismos gubernamentales que celebran su aparición como un hito para las ciencias de la tierra y para la historia nacional y regional.

Imagen 2. Fuegos artificiales desde el cráter, febrero de 2023. Foto: Lorena Casillas

Imagen 2. Fuegos artificiales desde el cráter, febrero de 2023. Foto: Lorena Casillas

Pero un volcán no es una victoria militar, ni una conquista, ni una guerra con aliados y enemigos a quienes se  honra o condena. Es una erupción, una emergencia geológica, un acontecimiento repentino e inesperado que abre y rompe físicamente la superficie terrestre, recordándonos que viajamos sobre una bola de fuego impredecible, desconocida y caprichosa. Un volcán podría imaginarse entonces como un intersticio, un espacio liminal que, por un breve instante en las temporalidades terrestres, reúne a la historia y al tiempo profundo. Es un acontecimiento, pero también un lugar donde chocan las fuerzas de lo que llamamos “naturaleza” y de la historicidad y territorialidad humanas. Entonces, ¿cómo conmemoran los seres humanos este tipo de perturbaciones y transformaciones, incluso de violencias, causadas por un fenómeno semejante? ¿Cómo marcan el nacimiento de un volcán y la posterior destrucción de su territorio y sus medios de vida quienes sufrieron tan de cerca sus efectos?

Imagen 3. Volantes del programa de eventos de la comunidad y del gobierno estatal para conmemorar el 80 aniversario del Paricutín colocados en la pared de la oficina municipal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental. 

Imagen 3. Volantes del programa de eventos de la comunidad y del gobierno estatal para conmemorar el 80 aniversario del Paricutín colocados en la pared de la oficina municipal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental.

El propietario de uno de los puestos, conocido como “Cachuy,” es el principal organizador del evento. Nervioso, alimentaba el volcán en miniatura con gasolina y leña. Es un personaje carismático quien claramente disfruta de su papel de maestro de ceremonias. Justo antes de los fuegos artificiales, Cachuy reunió a un grupo de niños y visitantes curiosos (entre los que nos incluimos) y nos guió por un sendero apenas visible en un paisaje cubierto de ceniza. Nuestros pies se hundían en la gruesa superficie polvorienta. Entonces se detuvo bruscamente y pidió silencio. Con voz solemne, nos explicó que estábamos en lo que quedaba de la calle principal del antiguo pueblo. Mientras nos guiaba en la oscuridad, nos contó una historia: “La noche en que finalmente se evacuó San Juan, en mayo de 1944, los ancianos dicen que toda la calle se iluminó con una larga hilera de luces parpadeantes. Se dirigían calle abajo desde el cementerio como una hilera de velas. Eran las almas de los muertos siguiendo a los vivos. Incluso los muertos abandonaron este lugar para reunirse con sus familias antes de que la lava lo cubriera.” Cachuy apartó las ramas de un árbol, llamando nuestra atención sobre un montón de mampostería de piedra desmoronada. “Esto es lo que queda de las paredes de una casa,” nos dijo. Un joven caminó cautelosamente entre los escombros durante unos minutos. Casi en un susurro, murmuró: “Creo que ésta era la casa de mi familia.”

Hace 80 años, en febrero de 1943, el Paricutín emergió en estas tierras michoacanas, convirtiéndose en el volcán monogenético más jóven del mundo y el primer volcán que pudo ser registrado durante toda su vida. Las erupciones duraron casi una década transformando por completo la región donde pueblos enteros fueron destruidos por la lava o devastados por las inmensas cantidades de ceniza y gases tóxicos que el volcán arrojó al aire. Durante esta época de hambre, destrucción y migración forzada para los residentes locales; científicos, fotógrafos, cineastas y artistas acudieron en masa a la zona para presenciar y capturar las espectaculares vistas del volcán incandescente. El Paricutín se convirtió en un espectáculo internacional. Sus imágenes dieron la vuelta al mundo, apareciendo en obras de arte de los artistas más renombrados de México y retratadas en diferentes vistas, de cerca y de lejos, en miles de negativos de placas de vidrio, fotografías en blanco y negro y a color, e incluso en película de 35 mm.

En febrero de este año, nos propusimos averiguarlo. Aunque habíamos asistido a aniversarios anteriores, nos interesaba especialmente presenciar cómo se conmemoraba el 80 aniversario del volcán. Este periodo de tiempo, 80 años, equivalía a la vida promedio de un ser humano y, por tanto, marcaba la posibilidad de que se desvanecieran  los relatos de testigos oculares, abriendo el campo para estrategias de conmemoración que vayan más allá de la memoria humana.

Asistimos a las conmemoraciones organizadas por tres de las comunidades purépechas más afectadas por la erupción del Paricutín: Caltzontzin y San Juan Nuevo, los reasentamientos de los desaparecidos poblados de Combutzio y San Juan Parangaricutiro, reubicados en tierras a las afueras de Uruapan; y Angahuan, un pueblo que sobrevivió a los flujos de lava, convirtiéndose en el punto de acceso al cono extinguido y a las ruinas, y también en un lugar rodeado por el inhóspito terreno conocido en español como “malpaís.”

Pensando en la conmemoración como estrategia reiterativa para hacer palpable la memoria, durante estos eventos encontramos tensiones constantes entre un impulso por recrear la espectacularidad del acontecimiento geológico—que es también una forma de sostener el turismo y su consiguiente economía de consumo; una necesidad colectiva de recopilar y exponer información e imágenes que muestren el pasado del volcán y sus efectos en el presente de las comunidades; y un extraño malestar, incluso reprimenda, por parte de algunos ancianos que manifestaron su incomodidad por los tonos festivos que ocultaban las secuelas tan dolorosas de la aparición del Paricutín en las historias y vidas de los habitantes de esta zona.

Un tema recurrente en los esfuerzos de conmemoración de los habitantes locales, a menudo en colaboración con investigadores como nosotros y con instituciones culturales, ha sido reproducir la erupción mediante imágenes, con proyecciones de películas y exposiciones fotográficas sobre el volcán, en particular sobre sus efectos destructivos para las poblaciones locales. A través de estas actividades, la conmemoración es también un espacio para afirmar los sentidos de pertenencia étnica, lingüística y territorial en un contexto complejo e históricamente arraigado de disputas por la tierra, crimen organizado y despojo cultural y económico. Las imágenes que compartimos aquí, que forman parte de un trabajo de investigación en curso, abren un diálogo visual sobre las tensiones, posibilidades y también los límites de la conmemoración de una erupción.

Imagen 4. Una niña observa una exposición fotográfica itinerante, coorganizada por el geólogo Pedro Corona y la historiadora Juana Martínez con las autoridades de San Juan Nuevo, Caltzontzin y Angahuan. La exposición formó parte de las actividades conmemorativas del aniversario. Se seleccionaron fotografías de diferentes archivos científicos que el equipo de Corona y Martínez recopiló en una "caja-objeto" como estrategia para devolver imágenes y documentos físicos de archivo a las comunidades afectadas por la erupción. Fotografía: Sandra Rozental.

Imagen 4. Una niña observa una exposición fotográfica itinerante, coorganizada por el geólogo Pedro Corona y la historiadora Juana Martínez con las autoridades de San Juan Nuevo, Caltzontzin y Angahuan. La exposición formó parte de las actividades conmemorativas del aniversario. Se seleccionaron fotografías de diferentes archivos científicos que el equipo de Corona y Martínez recopiló en una “caja-objeto” como estrategia para devolver imágenes y documentos físicos de archivo a las comunidades afectadas por la erupción. Fotografía: Sandra Rozental.

Imagen 6. Escenario preparado para el Aniversario del Paricutín en Caltzontzin con danza y música regional. Foto: Gabriela Zamorano.

Imagen 6. Escenario preparado para el Aniversario del Paricutín en Caltzontzin con danza y música regional. Foto: Gabriela Zamorano.

Imagen 7. Danza Kurhaticha, presentada por jóvenes de Arantepacua en la Plaza Central de Angahuan como parte del programa conmemorativo del Aniversario Paricutin. (Foto: Lorena Casillas).

Imagen 7. Danza Kurhaticha, presentada por jóvenes de Arantepacua en la Plaza Central de Angahuan como parte del programa conmemorativo del Aniversario Paricutin. (Foto: Lorena Casillas).

Imagen 8. El investigador purépecha Manuel Sosa entrevista a María Guadalupe Anguiano Aguilar, habitante de Angahuan, sobre sus recuerdos de infancia de la erupción en San Juan Parangaricutiro donde nació y vivió hasta 1944. Foto: Sandra Rozental.

Imagen 8. El investigador purépecha Manuel Sosa entrevista a María Guadalupe Anguiano Aguilar, habitante de Angahuan, sobre sus recuerdos de infancia de la erupción en San Juan Parangaricutiro donde nació y vivió hasta 1944. Foto: Sandra Rozental.

Aunque la conmemoración se manifiesta en los actos de aniversario, también está presente en las formas cotidianas de interactuar con restos, imágenes y réplicas que hacen referencia a la erupción y sus secuelas. Los habitantes de Caltzontzin, por ejemplo, conmemoran el volcán todos los días, ya que las imágenes de los santos rescatadas de Combutzio y la antigua campana de bronce de la iglesia desaparecida fueron reinstaladas en la nueva iglesia del pueblo y ahora son veneradas allí.

Imágenes 9. La venerada figura del Divino Santiago fue rescatada de Combutzio y trasladada a Caltzonzin, donde se venera en la actual iglesia del pueblo. Fotos: Gabriela Zamorano y Sandra Rozental. 

Imágenes 9. La venerada figura del Divino Santiago fue rescatada de Combutzio y trasladada a Caltzonzin, donde se venera en la actual iglesia del pueblo. Fotos: Gabriela Zamorano y Sandra Rozental.

Imágenes 10. La campana fue rescatada de Combutzio y trasladada a Caltzonzin, en la actual iglesia del pueblo. Fotos: Gabriela Zamorano y Sandra Rozental. 

Imágenes 10. La campana fue rescatada de Combutzio y trasladada a Caltzonzin, en la actual iglesia del pueblo. Fotos: Gabriela Zamorano y Sandra Rozental.

En San Juan Nuevo, donde fueron reubicados los habitantes de San Juan Paranguricutiro, un pequeño museo situado junto a la iglesia reconstruida alberga una colección de ex votos. En estas imágenes -otro tipo de conmemoración y registro-, el volcán se muestra como la causa de un gran sufrimiento, una fuente de desesperación por la que la gente rezaba y peregrinaba para escapar.

Imagen 11. Exvoto de una mujer agradeciendo al Señor de los Milagros por haber encontrado un pozo de agua en San Juan Nuevo, la comunidad donde se reubicó a la gente de San Juan Parangaricutiro. Foto: Sandra Rozental

Imagen 11. Exvoto de una mujer agradeciendo al Señor de los Milagros por haber encontrado un pozo de agua en San Juan Nuevo, la comunidad donde se reubicó a la gente de San Juan Parangaricutiro. Foto: Sandra Rozental

Uno de los primeros intentos de conmemoración una vez que el pueblo de Combutzio fue reubicado en las afueras de la ciudad de Uruapan fue el mural Éxodo de la población de la región del Paricutín, pintado en 1950 por dos de los muralistas más importantes del país, Alfredo Zalce y Pablo O´ Higgins, en el pasillo de la escuela recién construida, un edificio asociado con el estado de bienestar mexicano que había organizado la reubicación del pueblo. Actualmente en bastante mal estado y enrejado cuando esta parte de la escuela se transformó en la oficina de la dirección, el mural sigue siendo un testimonio de cómo el volcán y sus secuelas perduran en la vida cotidiana de los habitantes de Calzontzin, cuyos fundadores fueron obligados a huir de su pueblo original.

Imagen 12. Mural Éxodo de la población de la región del Paricutin, de Alfredo Zalce y Pablo O’ Higgins, ahora telón de fondo de la oficina de la direccción. Foto: Sandra Rozental.  

Imagen 12. Mural Éxodo de la población de la región del Paricutin, de Alfredo Zalce y Pablo O’ Higgins, ahora telón de fondo de la oficina de la direccción. Foto: Sandra Rozental. 

Otro conjunto de murales fue encargado en 1993 por las autoridades de Angahuan al artista de Morelia José Luis Soto para conmemorar el 50 aniversario del volcán. El artista utilizó fragmentos de vidrio y pedazos de roca volcánica para hacer un mosaico multicolor que muestra una batalla entre el bien y el mal encarnado en el Santo local, el Señor de los Milagros y el diablo. El mural conmemora la erupción, así como la religión local y las creencias relativas al castigo divino por los pecados terrenales.

Imagen 13. Mural de José Luis Soto en Angahuan que muestra el volcán como resultado de la batalla entre el bien y el mal. Fotografía: Sandra Rozental. 

Imagen 13. Mural de José Luis Soto en Angahuan que muestra el volcán como resultado de la batalla entre el bien y el mal. Fotografía: Sandra Rozental.

Si bien estos murales constituyen interpretaciones tangibles que extienden el surgimiento del volcán en el tiempo, las conmemoraciones anuales también refuerzan las estrategias para interpretar, recordar y recrear esta historia, particularmente con jóvenes y niños. En todos los lugares que visitamos, las autoridades organizaron concursos en los que se invitaba a los profesores de las escuelas y a sus alumnos a representar el volcán y sus efectos en dibujos y maquetas de plastilina. Cientos de dibujos en color se alineaban en los edificios que conforman las plazas principales de los pueblos, con figuras humanas y ganado diminuto huyendo de los ríos rojos de lava.

Imagen 14. Mujeres observan la exposición de dibujos infantiles en la Plaza principal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental. 

Imagen 14. Mujeres observan la exposición de dibujos infantiles en la Plaza principal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental.

Imagen 15. Detalle de un dibujo sobre la erupción del Paricutín en la Plaza principal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental. 

Imagen 15. Detalle de un dibujo sobre la erupción del Paricutín en la Plaza principal de Angahuan. Foto: Sandra Rozental.

En Caltzontzin, el premio fue otorgado por unanimidad a una maqueta de una niña de 12 años que, al igual que el mural realizado hace treinta años, presentaba el volcán junto a las imágenes de los santos católicos de la iglesia local protegiendo a los habitantes del pueblo de los peligros de la geología. A pesar de que la vida de esta niña está ahora temporal y geográficamente alejada del Paricutín, su presente, como el de todos los niños que participaron en las actividades de conmemoración, está definido por la intersección del tiempo geológico y humano. La conciencia e intimidad de esta generación con el volcán se recupera y mantiene viva a través de prácticas que recrean constantemente la erupción y recuerdan sus secuelas.

Foto 16. Liczi Gabriela Diaz Trejo de Caltzontzin mostrando su modelo de arcilla. Foto: Gabriela Zamorano.

Foto 16. Liczi Gabriela Diaz Trejo de Caltzontzin mostrando su modelo de arcilla. Foto: Gabriela Zamorano.


Los autores desean agradecer a Manuel Sosa, Simón Lázaro, Esperanza Azucena Padilla Anguiano, Jesús Velázquez Gutiérrez (Cachuy), así como a Pedro Corona y Juana Martínez por su apoyo y orientación durante el 80 Aniversario del Volcán Paricutín en Angahuan, Caltzontzin y San Juan Nuevo. También agradecemos a Lorena Casillas y Paula Arroio por su asistencia durante esta visita. Los fondos para esta investigación fueron proporcionados por el proyecto Imagining Futures (https://imaginingfutures.world/)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *