La pregunta con la que inicia este texto orienta una investigación que junta dos campos marginales a los estudios sociales del conocimiento, la materialidad y la tecnología: los estudios olfativos y los estudios textiles. En ese cruce buscamos indagar etnográficamente un gesto menor, oler la ropa de alguien que ya no está en un contexto cotidiano y doméstico. En esa exploración nos enfrentamos a pensar la escritura, más que para describir lo que se percibe, cómo una forma de estar en presencia; algo que acompaña el gesto, que da cuenta de lo que pasa cuando olemos, lo que se evoca y se fabula, algo que también da forma al encuentro mismo.
Estas reflexiones inician a mediados de 2025. Tania llevaba varios años estudiando la potencia del hacer textil, indagando, entre otras cosas, por los distintos trapos que la gente del común guardaba en los rincones de sus casas. Allí se había encontrado con una referencia recurrente a cómo el olor evocaba ausencias. La pregunta la conectaba con su historia como migrante de segunda generación, pero no sabía bien cómo seguir esa pista. Sin tener un horizonte claro, buscando compañía para pensar, contactó a Ana, quien venía trabajando con el conocimiento sensible asociado al olfato en contextos gastronómicos y también de investigación química. Ella, una profesora universitaria, como Tania, pero también madre de un pequeño de 4 años, se había encontrado con que no siempre era fácil acompasar sus preguntas con las agendas apretadas de las personas que preparaban sus narices para estudiar los aromas de frutas tropicales en laboratorios de química o evaluar el perfil sensorial de un café en un laboratorio de catación. Encontrarse con Tania representaba una oportunidad de investigar y pensar en plural algo más cercano y posible para ella.
Lo que sigue es una conversación entre las dos sobre este encuentro — de objetos de estudio, pero también de personas concretas — y sobre lo que ha implicado política y metodológicamente imaginar una etnografía de lo infraordinario (Perec, 2008) que describe para contemplar y para detenerse.

Alumnos del Semillero de Investigación en un ejercicio olfativo con ropa ajena. Fotografía: Archivo del proyecto de investigación, realizada por Ana María Ulloa-Garzón.
Tania: Ana, cuéntanos ¿cómo ha sido esta colaboración y de qué forma nos ha interpelado?
Empezamos de manera exploratoria, reconociendo de entrada que el objeto de nuestro interés –el olor en la ropa– era escurridizo. Por lo que en lugar de construir una pregunta de investigación que delimitara esa condición efímera y volátil, acordamos que buscaríamos indagar con otras personas por esto y así ir entendiendo mejor nuestras inquietudes. Nos interesaba pensar colectivamente esa relación entre olor y ropa, asumiendo que ello implicaría reunirnos en torno a estos materiales y olerlos. La figura del semillero de investigación que yo llevaba desde la Universidad de los Andes, llamado antropología del conocimiento sensible, resultó ser un lugar institucional propicio para nuestros encuentros.
Al principio no teníamos muy claro hacia dónde nos dirigíamos. Tu querías aprender sobre las particularidades del olor, y yo sobre la materialidad de un gesto textil. El cruce de campos que versan sobre objetos menores y cotidianos resultaba atractivo para ambas pero era epistemológica y metodológicamente incierto. Un asunto determinado por la propia naturaleza de aquello que nos generaba curiosidad. Con los primeros estudiantes que nos juntamos atravesamos la incertidumbre de esta exploración preguntándonos por varias cosas a la vez. Indagamos por las propiedades olfativas de distintos materiales textiles, viendo cómo el olor cambiaba dependiendo de si eran de origen animal o vegetal. Vimos como la porosidad de las telas encapsulaba los aromas con los que estas superficies entran en contacto: los olores corporales de quien las usa, de los lugares donde se encuentran, de los productos de limpieza con los que se lavan. Invitamos al grupo a prestar atención a prácticas orientadas hacia la eliminación o transformación de los olores en la ropa en el ámbito doméstico y a indagar por dimensiones afectivas de estas prácticas. Notamos que la escritura etnográfica era difícil, que el olor se volvía inasible en las descripciones que las y los estudiantes realizaban de sus ejercicios.
En el semestre siguiente abrimos el semillero nuevamente buscando articular el trabajo pedagógico con el investigativo. Además de realizar colectivamente una revisión bibliográfica sobre propuestas metodológicas acerca de cómo se había estudiado el olor y de qué manera ello podría darnos pistas para hacerlo en los textiles, diseñamos una serie de ejercicios olfativos y de activación sensorial y de la memoria. Esto fue dándole forma a nuestra búsqueda por construir una antropología que conectara con la vida misma y nos interpelara desde lo cotidiano. Nos permitimos detenernos en los gestos, fijar la atención y privilegiar la descripción sobre la explicación. Centrar la exploración en cómo al oler la ropa se podía indagar por algo que se encontraba ausente, se convirtió en el eje conductor de estos ejercicios.
Ana: Tania, ¿qué dirías sobre las formas en que estudiar el olor en la ropa ha configurado formas de investigación particulares?
Oler la ropa es un gesto íntimo; sobre todo cuando está vinculado con una ausencia. Explorar una prenda olfativamente nos acerca a la distancia del cuerpo de quien la ha usado. Y esto es un movimiento evocativo, pero es también una presencia. Aunque de forma efímera, ese cuerpo ausente está ahí, en ese olor, como están ahí los lugares y las prácticas que ese cuerpo habitó, recorrió o encarnó; y decimos esto en un sentido tanto material, como simbólico. Es esa presencia la que convoca a la memoria, a veces incluso llevándonos a fabricar imaginariamente el propio olor. Indagar por ese gesto de cercanía es una forma de vincularnos con él; de reconocer que para oler una prenda tenemos que tocarla, tenerla cerca, quedarnos ahí, un momento, apreciando la sutileza de lo que llega, pero también de lo que se fabula y convoca: recuerdos, historias, sensaciones. Hay aquí un llamado metodológico a hacernos responsables de esa intimidad que se produce en el gesto por el que nos estamos preguntando. Para ello, hemos inventado formas de investigar que reconocen esa intimidad, que la acogen y la producen con cuidado. Por ejemplo, realizando ejercicios sensoriales en los que invitamos a oler la prenda de otra persona, pasando primero por olernos a nosotras mismas y luego entre nosotras, para después describir la atmósfera de ese encuentro; pensando la escritura también como un trabajo de observar con atención lo que pasa. Estos ejercicios investigativos se sintonizan con una sensibilidad compleja, que es plural, fluctuante, incierta, difícil de atrapar y de ser estandarizada. Una sensibilidad que se deja afectar por lo que implica acercarse a un cuerpo ausente y que se permite esa pausa. En nuestras exploraciones hemos buscado propiciar cuidadosamente esos encuentros en los que al oler una prenda tocamos una presencia extraña que nos atraviesa—lo que Barad llama, tocar al extraño interior (2023). Queremos que nuestras metodologías nos permitan estar ahí, antes que entender o analizar, contemplar la complejidad política y poética que habita en esos gestos menores e infraordinarios. Y aquí prestar atención, en términos metodológicos, es una práctica concreta.
Estas son metodologías de investigación que convocan cuerpos y sensibilidades, que nos hacen sentir, que nos conmueven. En contextos de capitalismo cognitivo, creemos que estudiar el olor en la ropa nos permite detenernos.
Tania: Ana, ¿cómo describirías el trabajo de escritura etnográfica de esas exploraciones?
Uno de los principales retos en este tipo de investigación es darle cabida e importancia al registro de diferentes dimensiones –olfativa, sensorial, emotiva y de la memoria. Si los olores nos llaman a estudiarlos de ciertas formas, no se trata, como nos dimos cuenta a lo largo de nuestros experimentos, de desarrollar un lenguaje común para la descripción de los olores como ocurre en contextos profesionales. En vez de identificar con claridad a qué huele la ropa, e intentar delimitar y fijar los olores en ella, la escritura etnográfica demanda descripciones que ayuden a detenerse en pequeños gestos y dar cuenta de los efectos de los olores en la vida cotidiana de las personas y en sus relaciones con otros a través de sus ropas.
Con esto claro, invitamos al grupo del semillero a una escritura que se animara a describir propiedades sensoriales cambiantes e inefables, que son al mismo tiempo profundas y reveladoras. Los olores se pueden escapar de la ropa pero dejar un rastro intenso en la memoria. Buscamos dar cuenta del poder de evocación de los olores que habitan estos objetos particulares, siguiendo una escritura que muestra los vínculos que se articulan a su alrededor. Los olores, como escribiste tú en tus anotaciones después de un encuentro, indican, pero sobre todo afectan, muestran cosas en relación.
Nuestros esfuerzos se han ido encaminando a construir prácticas de investigación etnográficas y escriturales particulares. Unas que permitan dimensionar la complejidad de lo que los olores hacen en la ropa que atesoramos en nuestras casas. En medio de esta búsqueda nos hemos topado con una serie de objetos textiles (una camiseta vieja, una muñeca, un gorro de bebe, una pijama, una bufanda) que han sido guardados sin saber muy bien por qué, pero que en la ocasión de preguntar por ellos y ponerles atención olfativamente, despliegan los vínculos afectivos que tienen quienes lidian con la ausencia que está contenida en esas superficies.
Ana: ¿Qué viene ahora, Tania?
Buscar lo posible. Estas preguntas que nos convocan no son fácilmente financiables, por lo que tenemos el reto de continuar nuestras exploraciones sin tener recursos para ello. Haciéndole espacio al tiempo que nuestras preguntas merecen, en medio del trabajo con el que se sostiene la vida. Esto es desafiante, pero creemos que también es necesario. Como hemos planteado aquí, preguntarse por el olor en la ropa para escudriñar por lo que está ausente, es una invitación a detenerse; a estar presente en nuestras indagaciones y en una escritura que da cuenta, que recoge esas formas de explorar aquello que nos resulta inmanente e inefable. Mirar con calma, presenciar lo que acontece y que no es observable de forma directa. Cuán necesario es esto hoy que estamos atiborradas de distracciones y demandas prestadas.
El horizonte de pesquisa pasa entonces por identificar prendas de personas que ya no están y que se guardan en casas comunes y corrientes. Nos preguntamos por esas geografías menores, por los cajones o los rincones que habitan esos objetos y por lo que pasa cuando indagamos por ellos en compañía de quienes los atesoran. La camiseta de bebé de una hija que ya se hizo grande y que se guarda en una bolsita hermética en el cajón especial de una cómoda, el pijama de un abuelo que murió hace poco y que su nieta se pone todas las noches para dormir. ¿Qué pasa con esos objetos y con esos vínculos cuando nos acercamos a ellos olfativamente? ¿Qué gestos e historias se despliegan en esa búsqueda? ¿Qué implica indagar por esto en la propia casa que acoge esa juntanza material entre la ropa, su olor y la ausencia? Hasta ahora esos objetos nos han llegado por medio de historias y ejercicios olfativos en clase; tenemos curiosidad por adentrarnos etnográficamente en esas geografías domésticas que los albergan, en las formas cotidianas y el mundo de las cosas en su lugar.
Buscamos que estas exploraciones no sean solo nuestras. Que al preguntar por lo ausente de esta forma, quien atesora una prenda también se permita detenerse ante los rastros dejados allí por esa persona que ya no está. Que pueda contemplar esa presencia sutil. Estas indagaciones son entonces formas colectivas de tomarnos una pausa: reunirse, sacar la prenda del cajón, olerla juntas, contemplar lo que emerge en ese encuentro. Hay en ese gesto una puesta en escena —disponerse colectivamente a que algo ocurra y a que nos afecte. Para esto, la etnografía puede retomar metodologías propias del teatro y del performance: hacer ejercicios con las personas, propiciar encuentros materiales sostenidos por el respeto de entrar a un espacio íntimo. Investigar para contemplar, hacerlo con otras, mirar el mundo con pausa y acompasadamente.
Ahora nuestro desafío es ubicar esas prendas atesoradas, más allá de nuestros propios círculos.
Esta publicación fue editada por la editora colaboradora Clarissa Reche y revisada por el editor colaborador Iván Flores.
Referencias
Perec, G. (2008). Lo infraordinario (M. Cebrián, Trad.). Impedimenta.
Barad, K. (2023). Tocando al extrañx interior: La alteridad que entonces soy (S. Puente, Trad.). En M. Bardet, A. Ruiz Folini y K. Barad, Tocando al extrañx interior / Dar la mano / M/e toca (pp. 5-30). Editorial Cactus.