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Estrategias y Herramientas para la Generación de Conocimiento en Arte-Ciencia

¿Hasta qué punto las mediciones de una diadema de electroencefalografía proporcionan evidencia del estado de contemplación estética de quien la porta?

En el proyecto de investigación neuroestética Potencial de Acción, el colectivo artístico y científico Interspecifics monitorea la actividad eléctrica cerebral de un grupo de visitantes a una exposición sobre Octavio Paz, el famoso poeta mexicano, y utiliza esas mediciones como material de composición sonora. Lo que se descubre en este experimento no es exactamente un resultado científico, ya que las lecturas de EEG no validan ni refutan ninguna hipótesis sobre la experiencia estética, pero tampoco es arte en un sentido convencional, pues depende enteramente de protocolos de medición clínica. Esta ambigüedad es precisamente la clave, porque al someter el encuentro estético a la instrumentación empírica, Interspecifics pone al descubierto los supuestos que mantienen separados ambos dominios: la ciencia exige proposiciones falsables y el arte se resiste a la reducción a datos. Lo que emerge en su superficie de contacto es una fricción productiva en lugar de una síntesis, un modo de indagación que mide y compone sin limitar la expresión, llevándonos a reconsiderar qué se considera conocimiento y qué se considera forma. Al observar con detenimiento los resultados de este experimento, uno puede plantearse preguntas sobre la categorización de las fases de actividad bioeléctrica, sobre la forma como se trazan los límites entre un estado de atención y otros estados posibles o si estos límites son los mismos en todas las personas. Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta sencilla, y no se debe a un mal diseño del experimento, sino a que el marco en el que se desarrolla no proporciona los medios para resolverlas. Es precisamente esta dificultad para responder lo que resulta más revelador de la situación. Pareciera que el conocimiento allí producido es un tipo de híbrido, resultante de la confrontación entre disciplinas sin pertenecer exclusivamente a ninguna de ellas.

Este texto parte de esa tensión y surge de la reflexión en torno a la producción de conocimiento en arte-ciencia, particularmente a partir de dos talleres de los que el autor formó parte, primero como participante y después como facilitador, organizados por el colectivo Interspecifics en el marco de colaboraciones con la (hoy extinta) fundación Alumnos 47 en junio de 2015 en la Ciudad de México, y con el Museo de Arte Moderno y la Pontificia Universidad Católica en Santiago de Chile en marzo de 2024.

El primero de ellos, denominado BioSensing Lab, reunió mediante convocatoria abierta a artistas y personas interesadas para desarrollar metodologías de exploración de fenómenos perceptivos sonoros y visuales por medio del monitoreo de la actividad electroencefalográfica y la biorretroalimentación. La herramienta central fue la diadema comercial NeuroSky Mindwave, un dispositivo inalámbrico de EEG que utiliza un único electrodo seco en la frente. Con ella se buscaba estudiar los cambios en la actividad EEG inducidos por la exposición a estímulos visuales y sonoros, y simultáneamente crear colectivamente nuevas representaciones vinculadas o moduladas por las señales registradas por ese mismo dispositivo.

Screenshot of the Scope software showing the XY-plane tracking of three regions of a Paenibacillus vortex colony. The interface includes a left panel with numbered identifiers (ID 87–193) and adjustable controls such as Camera, Pixels, Thresh_A, Thresh_B, Formas, Rastreo, and View. On the plane, three colored trajectories represent the displacement of the selected regions. These movements in the two-dimensional plane are used in real time to modulate parameters of a sound synthesizer, translating biological behavior into audio.

Imagen 1. El software abierto Scope sigue el desplazamiento de tres regiones de la colonia de Paenibacillus Vortex. Las trayectorias en el plano XY se usan para controlar parámetros de un sintetizador de sonido. Imagen original por Emmanuel Anguiano-Hernández.

La primera sesión comenzó con una charla introductoria del Dr. Alejandro Torres García, especialista en procesamiento y análisis de bioseñales, sobre los fundamentos de la electroencefalografía, una prueba segura y no invasiva que mide y registra la actividad eléctrica del cerebro mediante pequeños sensores adheridos al cuero cabelludo, y sus aplicaciones. Ahí mismo se presentó la diadema junto con su software propietario, que permite visualizar la actividad cerebral pero no libera los datos para ningún otro uso. La alternativa abierta, un conjunto de herramientas desarrolladas por comunidades de software libre, sí permitía redirigir las mediciones en tiempo real para trabajar con ellos libremente. Esta distinción, aparentemente técnica, resultó ser la primera decisión política del taller: elegir qué herramienta usar significaba determinar el tipo de conocimiento que sería posible producir. Incluso lo que el público puede observar, interpretar o responder depende completamente de lo que las herramientas hacen visible y a quién. El programa propietario, al confinar los datos a su propia interfaz de visualización, impide la hibridación que se proponía el taller, permitiendo la observación pero no la reinterpretación, y produce algo que parece ciencia pero no es abierta, y que en apariencia se asemeja a arte pero sin libertad. Las herramientas de software libre, al permitir la redirección de la señal, restauran la posibilidad de generar un espacio intermedio.

Con ambas opciones sobre la mesa, los participantes realizaron una serie de experimentos colectivos para familiarizarse con el funcionamiento del sistema. Se utilizó un casco de realidad virtual que reproducía una visualización de 360° con texturas coloridas y un paisaje sonoro, y se observaron los cambios en la actividad cerebral de cada participante antes y después de usarlo, así como durante ejercicios de respiración. El objetivo no era solo aprender a leer las señales, sino reconocer en ellas los rasgos de la propia actividad electroencefalográfica en distintos estados. Una vez logrado ese reconocimiento, los participantes se organizaron en equipos según sus intereses y propusieron prototipos de interpretaciones artísticas y dispositivos a desarrollar. Esta autoría colectiva sólo fue posible porque las herramientas de código abierto dejan los datos disponibles para su reinterpretación, transfiriendo desde el instrumento hacia los participantes la habilidad y capacidad de determinar lo que podrían significar esas señales.

La segunda sesión estuvo dedicada a la implementación de esos prototipos, que debían usar las mediciones no solo para observar actividad cerebral sino para retroalimentarla creando un bucle, y diseñar experiencias capaces de inducir a los participantes hacia estados de mayor calma o alerta.  El trabajo fue colaborativo, integrando la experiencia y los objetivos de cada participante. Los resultados fueron presentados brevemente al cierre del taller:

  • Un sintetizador de sonido que modulaba una señal de audio mediante una onda cuya frecuencia variaba en función de la actividad EEG en bandas específicas.
  • Un monitor de actividad que registraba la concentración del usuario durante ejercicios de coordinación rítmico-musical con instrumentos físicos.
  • Una visualización de redes de partículas cuyo color y conectividad variaban en función de la actividad en las bandas asociadas a los estados de alerta y procesamiento cognitivo.

El segundo taller BioExploraciones, tuvo una estructura y duración distintas, y fue parte de una residencia de investigación llevada a cabo en el Museo de Arte Moderno de Santiago en colaboración con el Laboratorio de Microbiología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Federici Lab. Convocó a artistas, científicos y estudiantes para desarrollar metodologías experimentales de observación y análisis de formas de vida microscópicas, en particular el Paenibacillus vortex, una bacteria de descubrimiento reciente, estudiada mediante herramientas de hardware abierto, visión artificial y aprendizaje automático. Los análisis resultantes serían incorporados a procesos individuales de composición y performance.

Las dos primeras sesiones repasaron los fundamentos de un sistema de síntesis de sonido; la tercera introdujo las bases bioquímicas del cultivo y del comportamiento microbiológico. La última sesión estuvo dedicada a demostrar la operación de un microscopio de hardware abierto y del software de código abierto Scope, que funcionaría como la herramienta traductora del taller.

Scope traduce la representación de un fenómeno en otra de distinta naturaleza, recodificando la actividad de una colonia de microorganismos en valores numéricos que representan cambio y movimiento. Lo hace de tres maneras. La primera cuantifica la composición de color cuadro a cuadro, midiendo dónde y cuánto cambia la secuencia de imágenes del video; en registros microscópicos, esto puede indicar cómo un cultivo crece, coloniza espacio y se transforma con el tiempo. La segunda identifica todas las regiones ocupadas en la secuencia, ofreciendo una aproximación al número de colonias o individuos presentes. La tercera rastrea el movimiento de entidades específicas, proporcionando información sobre su motilidad, trayectoria e interacción con otras entidades.

Como en todo proceso de recodificación, hay información que es excluida de la descripción del fenómeno debido al uso de la herramienta. Las causas de las transformaciones en la colonia, así como el significado intrínseco de esos cambios (es decir, lo que significan para la propia colonia) quedan fuera de la medición y del resto del proceso. Para crear un modelo manipulable del fenómeno es necesario simplificarlo. Ver y medir son operaciones que no preceden a la interpretación, sino que la constituyen desde el principio.

Con estas herramientas, los participantes desarrollaron proyectos individuales a partir de sus propios intereses:

  • La sonificación del proceso de descomposición de troncos de árboles en un entorno natural.
  • Un sistema audiovisual que recodifica la organización y el desplazamiento de una colonia de bacterias en una visualización con estructura de red tridimensional.
  • Una composición audiovisual que aplica los mismos principios computacionales a registros de fenómenos atmosféricos —como una lluvia de meteoros— y actividad microbiológica, creando analogías entre escalas radicalmente distintas.
  • La sonificación de la actividad de colonias de bacterias con susceptibilidad a campos magnéticos, incluido el de la Tierra.

Los proyectos fueron presentados en una exposición efímera en una sala del Museo de Arte Moderno. Describir esto en retrospectiva me sitúa en una posición en la que no resulta fácil separar la experiencia vivida de la interpretación del pasado. Pero quizás esa incomodidad es precisamente el punto de partida más honesto.

Lo primero que emerge como reflexión es la centralidad de los dispositivos en la configuración de lo que es posible conocer. En BioSensing Lab, la diadema de EEG y su software propietario representaron un obstáculo concreto: su interfaz cerrada no libera la información, por lo que acceder a los datos implica literalmente hackear el sistema. Esta acción es, en sí misma, una postura política. Si se quiere hacer uso de un producto para fines distintos a los que ofrece comercialmente, es necesario primero volverse consciente de todo aquello que oculta, muy probablemente de manera intencional, y luego recurrir a comunidades especializadas, como los desarrolladores open source, para apoyarnos del conocimiento libre y compartido. Cabe entonces preguntar: ¿cuánta información y cuánto conocimiento quedan excluidos cuando usamos un producto técnico por decisiones comerciales?

En BioExploraciones, en cambio, las herramientas centrales, es decir el microscopio y su software Scope son totalmente abiertas, desarrolladas por Interspecifics en colaboración con Federici Lab. Esta apertura no elimina la mediación, más bien la revela. Lo que el sistema traduce y lo que descarta no es transparente ni neutral; es el resultado de decisiones de diseño que condicionan qué aspectos del fenómeno se vuelven visibles y manipulables.

Ambos talleres comparten además una negociación constante derivada de la heterogeneidad de sus participantes. Los lenguajes de cada disciplina entran en confrontación, los intereses de cada persona siguen distintas direcciones, y los modos de hacer determinan que los resultados sean objetos híbridos y fronterizos: funcionan en distintas disciplinas sin pertenecer completamente a ninguna. La naturaleza de esos resultados permanece en una suerte de limbo epistémico. ¿Son objetos estéticos, hipótesis científicas o instrumentos de interpretación artística? ¿Las tres cosas a la vez?

Y luego está la pregunta de la audiencia. En BioSensing Lab, los únicos testigos fueron los propios participantes del taller, aunque algunos de ellos continuaron la indagación e incorporaron los resultados y métodos a sus prácticas. En BioExploraciones, la presentación fue más abierta: la audiencia estaba formada por los invitados de los propios participantes. ¿Cuántas de esas personas captaron de algún modo la hibridación disciplinar presente en lo que veían/escuchaban? ¿Fueron testigos de un evento de arte, ciencia, o algo para lo que todavía no tenemos un nombre cómodo?

El arte puede prescindir de justificarse. Pero estos puntos de encuentro entre arte y ciencia parecen evidenciar exactamente ese momento de quiebre: la pregunta de para quién se produce el conocimiento y quién tiene acceso a él no desaparece por el hecho de que la pieza esté en una sala de museo. La condición efímera de estas exposiciones dice algo sobre la temporalidad particular del conocimiento arte-ciencia: existe en el acontecimiento y no necesariamente aspira a la acumulación. Si eso es una declaración, una limitación, o ambas cosas a la vez, es quizás lo que todavía vale la pena seguir preguntando.


Este post fue revisado por el editor Iván Flores y la editora Eva Steinberg.

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