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¿Por qué Tejemos Redes? Mapeando el Territorio Común de la Antropología Feminista Latinoamericana de la Ciencia y la Tecnología

Continuando con la serie que comenzó en 2025, este año presentaremos cinco publicaciones más preparadas especialmente para Platypus por investigadoras de la Red Latinoamericana de Antropología Feminista de la Ciencia y la Tecnología (RAFeCT). Puedes obtener más información sobre la red en el publicación introductoria y puedes consultar las demás publicaciones de esta serie haciendo clic aquí.

El año pasado, invitamos a investigadoras brasileñas, buscando abarcar nuestra diversidad local. Este año, nuestra propuesta consiste en presentar textos de investigadoras de distintos países latinoamericanos, como Colombia, Argentina, Chile y Brasil. Además de mi propio texto, las profesoras Tânia Pérez-Bustos, Sol Anigstein, Cecília Rustoyburo y Fabíola Rohden también contribuirán a esta serie. En la serie de este año, nos desafiamos a escribir sobre las especificidades de una crítica latinoamericana antropológica de la ciencia y la tecnología. Además de discutir qué estamos haciendo aquí y por qué, también abrimos este espacio para el diálogo global para reflexionar sobre las necesidades (y dificultades) de comunicar y traducir estas experiencias locales, así como para fomentar y tal vez recopilar otros relatos de investigadoras feministas organizadas en otras partes del mundo.

El Trabajo de Hacer Red

¿Por qué nosotras, académicas feministas latinoamericanas y antropólogas de la ciencia y la tecnología, tejemos redes?

En portugués, a lo que en español se llama “hamaca” y en inglés “hammock” lo llamamos “rede”. También llamamos a esta pieza de tela que nos protege, nos calienta y nos acuna “rede-de-descanso” (hamaca de descanso) o “rede-de-dormir” (hamaca para dormir). “Rede” es la misma palabra que usamos para “red”. Así que, ten en cuenta que cada vez que me refiero a “red” aquí, me refiero tanto a “red” como a “hamaca” al mismo tiempo. La traducción siempre implica cierta ambigüedad, pero intentémoslo (no creemos en la pureza).

A colorful hammock, with red tones, is centered in the image and tied between two trees, in a forest setting, with a green hill and a blue sky with white clouds in the background.

Hamaca colgada entre árboles en la Mata Atlántica. Fotografía de Clarissa Reche.

Recostada en mi colorida hamaca, atada entre dos moreras, contemplando el cielo azul de la Selva Atlántica, me balanceo suavemente, sintiendo cómo el sol acaricia mi cuerpo y el viento del bosque me mece el cabello. Recuerdo que me aman, y que yo también los amo. Observo cómo el tiempo va y viene, va y viene. Y descanso, pensando… ¿por qué tejemos redes, después de todo?

Crear una red es un trabajo arduo. Pero es necesario. La red/hamaca, en su polisemia en mi lengua materna, es vital. Su tejido lleva conocimiento, memoria y propósito. Pensé en escribir “resistencia”, pero no estoy segura de que sea exactamente eso. Quizás “necesidad”, en este sentido de vitalidad, de lo que es esencial para que estemos vivos y bien. Tenemos nuestras camas, con colchones, almohadas y todo lo demás. Pero también tenemos nuestras hamacas, que son fuente de alegría y placer. Aquí en Brasil, las hamacas son una presencia constante en nuestros hogares. La hamaca, que heredamos de quienes han vivido aquí desde el principio, persiste en nosotros.

¿Y qué tipo de trabajo implica hacer una “red”? Quizás podamos resumir este trabajo como plantar-cosechar-tejer. Entonces, para hacer redes necesitamos, ante todo, tierra. Y, pensando junto con mucha gente – aquí elijo nombrar al Zapatista, en si bien podría haber muchos otros ejemplos – podemos afirmar con total certeza que la tierra es un bien común. Obviamente, la tierra es suelo, terreno, en su existencia material. Este lugar donde caminamos, del que comemos, al que tanto maltratamos. Para crear una red, necesitamos estar presentes en la tierra, incluso si cada una de nosotras se encuentra en porciones geográficamente distantes. Pero también necesitamos un territorio común. Algo que nos brinde el sustrato para cuidar lo que necesita brotar, prosperar, crecer y transformarse. Este territorio es común porque el cuidado de la vida es siempre un acto colectivo. La devastación es hija del individualismo.

El trabajo de la red es un trabajo de cuidado de un territorio común, para hacerlo crecer. Pero también es un trabajo de transformación (plantar, cosechar, tejer) y, por lo tanto, un trabajo de conocimiento. La antropóloga Varin Mema[1]  (2018), indígena Marubo[2], nos habla de una frase que repiten con frecuencia las mujeres de su pueblo: nokẽ mevi revõsho shoĂima awe (lo que se transforma con la punta de nuestras manos):

Hacer es saber, saber cómo hacer las cosas, conocimiento que las hace realidad. Hacer se hace con las manos, es el conocimiento de las manos. Es un saber hacer total, encarnado, para cada persona que sabe hacer. Es un saber hacer que “pertenece” a quien sabe hacer, al igual que las cosas que surgen a través de su trabajo. Desde las manos, el conocimiento entra en la persona, se interioriza y se exterioriza. (pág. 23)

Para los ancianos marubo, conocer el mundo significa hacerlo adaptable, apto para la vida. Lo que tocamos sin conocer nos perjudica. Y conocer es saber cómo hacer, es el cuerpo el que produce. Además, el conocimiento es algo que aprendemos de los ancianos y que sin duda transmitiremos a los más jóvenes. Varin también relata que esta frase la pronuncian las mujeres con un tono de satisfacción por sus propias acciones y logros, especialmente con los productos manufacturados, sus “artesanías”. Así es como se fortalecen, cómo se valoran a sí mismas y a su conocimiento. La sensación de ver algo terminado, existente, funcional, bello, y saber que fue fruto de su trabajo. Quizás en la labor de crear una red debamos añadir algo como “admiración”: plantar-cosechar-tejer-admirar.

Quisiera retomar la pregunta que abre este texto y, con el trabajo de una red bien fundamentada, desarrollarla en otras preguntas mucho más interesantes:

¿Sobre qué tierra nos encontramos? ¿Cuál es nuestro territorio común? ¿De qué nos ocupamos? ¿Qué mundo, y qué gente, estamos conociendo y a qué nos estamos adaptando para vivir en él? ¿Qué sabemos y hacemos, quién nos enseña y a quién enseñaremos? ¿De qué nos sentimos orgullosas, qué acciones y logros admiramos?

Solo mediante el trabajo, el conocimiento y el tiempo necesario se podrán responder estas preguntas. O quizás no. Pero por ahora, sirven de guía para ayudarnos a abordar nuestro propio y admirable impulso de tejer una red.

Mapeando Nuestro Territorio Común

Comenzamos a esbozar un mapa para comprender el territorio común que abarcamos y cuidamos. Bajo el paraguas y en la intersección de los “feminismos” y la “antropología de la ciencia y la tecnología” se encuentran investigaciones e intereses muy diversos. A continuación, presento una organización inicial del trabajo de las investigadoras de RAFeCT en áreas temáticas:

  1. Cuerpo, salud y biomedicalización: Se hace especial hincapié en la investigación en la intersección entre el cuerpo, la salud, la reproducción, la tecnología y las desigualdades sociales. Muchas investigadoras se dedican a temas como la salud pública, la salud sexual y reproductiva, la biomedicalización, los medicamentos, las hormonas, la discapacidad, la atención y los procesos de medicalización, a menudo vinculados a debates sobre género, sexualidad y justicia social.
  2. Tecnologías digitales y procesos de subjetivación: Otro eje relevante reúne estudios sobre tecnologías digitales, algoritmos, inteligencia artificial y plataformas digitales, prestando especial atención a sus efectos en los procesos de subjetivación y las implicaciones sociales de las transformaciones tecnológicas contemporáneas.
  3. Políticas públicas, derechos y desigualdades: La red también incluye investigaciones sobre políticas públicas, derechos sexuales y reproductivos, maternidad, violencia de género y desigualdades estructurales, lo que demuestra un compromiso con cuestiones sociales y políticas urgentes.
  4. Ecología, multiespecie y la crisis climática: Con frecuencia aparecen estudios centrados en las relaciones entre múltiples especies, la ecología política y las catástrofes climáticas, lo que apunta a un creciente interés en las interacciones entre el medio ambiente, la ciencia y la sociedad.
  5. Raza, colonialidad y conocimiento tradicional: Un eje importante aborda la raza, la colonialidad y el conocimiento tradicional, incluyendo la investigación sobre etnicidad, los feminismos indígenas, las colecciones y epistemologías indígenas, las tecnologías ancestrales y las relaciones entre la ciencia y el conocimiento tradicional.
  6. Epistemologías críticas y metodologías de investigación: Finalmente, se observa una presencia significativa de trabajos centrados en epistemologías críticas y metodologías de investigación, como la etnografía, la autoetnografía y las metodologías feministas y ético-políticas, lo que indica un interés constante en reflexionar sobre los propios modos de producción del conocimiento científico.

En términos materiales, la tierra que pisamos es la geografía llamada Latinoamérica, en las gramáticas coloniales. Al observar este mapeo, podemos comprender que aquello con lo que lidiamos está directamente relacionado con nuestra historia. Para nosotras, la ciencia y la tecnología se desarrollan en un contexto marcado por persistentes desigualdades estructurales, legados coloniales e intensas disputas en torno al cuerpo, el territorio y los derechos. La inserción periférica de nuestros territorios como centros de explotación en los circuitos capitalistas globales favorece una atención crítica a la dinámica de la circulación de tecnologías, conocimiento e infraestructuras digitales, así como a sus efectos localizados. La intensificación de las crisis socioambientales en la región contribuye al crecimiento de enfoques que articulan ecología, política y ciencia. La presencia de fuertes movimientos sociales, especialmente feministas, indígenas y antirracistas, también impulsa la producción de perspectivas situadas, comprometidas y epistemológicamente críticas que cuestionan las jerarquías del conocimiento y valoran el saber tradicional y las experiencias encarnadas.

Como nos advierte Tânia Pérez-Bustos, investigadora colombiana que forma parte de RAFeCT y será la autora del próximo texto de esta serie, el trabajo de tejer, como materialidad y como posibilidad metodológica, se reconoce como capaz de dar testimonio de un conocimiento difícil (2025). En consonancia con lo que nos dice Varin, Tânia describe el acto de tejer como una “aproximación permanente”, un movimiento que se repite, se enreda, se deshace y se vuelve a hacer, porque es una forma de pensar-hacer necesariamente abierta “al error, a la reparación, y que convoca a personas y cosas, un pensamiento que se constituye como una reunión material” (ibíd.). En nuestro trabajo de tejer en red en RAFeCT, continuamos en un movimiento permanente de intentos por conocernos y transformarnos (así como por conocer y transformar el mundo), “no con pericia, sino con vacilación y curiosidad” (ibíd.), experimentando siempre con orgullo y admiración.

¿Y por qué creamos redes?

Creo que es porque estamos vivas y pretendemos seguir estándolo.

Notas

[1] Nombre social de Nelly Barbosa Duarte Dollis.

[2] El pueblo Marubo vive en el Valle del Javari, en el suroeste de la Amazonía, Brasil.


Esta publicación fue seleccionada por la editora colaboradora Clarissa Reche y revisada por el editor colaborador Victor Secco.

Referencias

Barbosa Duarte Dollis, N. (2018). “Nokẽ mevi revõsho shovima awe: ‘o que é transformado pelas pontas das nossas mãos’.” Campos – Revista de Antropologia, 19(1), 23–36. https://doi.org/10.5380/cra.v19i1.61162

Pérez-Bustos, T. (2025) “Inacabado.” Theorizing the Contemporary, Fieldsights, October 23. https://www.culanth.org/fieldsights/inacabado 

 

 

 

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