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Cuando Repartir Comida no Solo es Repartir: Redes Solidarias, Riesgos y Trabajo Invisible

^El día de hoy me quisieron robar la bici. Yo estaba recogiendo una orden en la 67 y Columbus, cuando vi que el tipo se montó en mi bici. Ya estaba arrancando cuando alcancé a salir del establecimiento y lo agarré de la camisa. El tipo dice que “perdón, que pensó que era su bici” entonces un amigo me ayudó a detenerlo para llamar a la policía. De repente, este tipo sacó una aguja de jeringa y empezó a atracarnos, entonces el tipo se soltó y se escapó. Llamé a la policía para entregar la mochila y la bolsa de DoorDash que contenía varias jeringuillas y un cuchillo, pero nunca llegaron.

Entonces me fui al precinto de la 83 y Columbus para hacer el reporte.

Una vez allí un policía me dice “que por qué no boté eso” y me dijo que para hacer un reporte debía esperar 30 minutos mientras llegaban sus relevos. Cuando me atiende un policía, éste muy grosero me dice que por qué tengo la mochila y la bolsa “que por qué le robé eso al tipo (ladrón)?” a lo que le respondí que en el forcejeo, él se escapó y las dejó.

Que mal que la policía no ponga atención a este tipo de cosas, y salga saliendo uno a deber solo por pensar que está haciendo lo correcto llevando estas pertenencias al precinto de una persona peligrosa.  Y para colmo, la app me penalizó porque no entregue la orden. 

Dejo foto de la pertenencia del ladrón.

A coloured photograph of a hand holding a red bag with medicines in it, next to the shadow of a delivery bike

(Fuente: Repartidor de comida, testimonio personal enviado por mensaje privado al grupo de Facebook para repartidores, 3 de octubre de 2024).

El trabajo de un repartidor de comida, conlleva a enfrentarse con riesgos que van más allá de la plataforma, como accidentes, robos y agresiones. Para los repartidores, el riesgo es una realidad cotidiana, que se manifiesta en las decisiones diarias que toman sobre dónde amarrar su bicicleta, a qué edificio entrar o qué calle evitar. Desde el 2020, el reparto de comida a domicilio se ha convertido en una forma importante de trabajo en Nueva York. Los delivreros (repartidores), en su mayoría migrantes y/o trabajadores racializados, se desplazan en bicicletas eléctricas por toda la ciudad, esquivando el tráfico, entrando a edificios desconocidos y estacionando sus bicis en espacios públicos, muchas veces con tiempos limitados que establece la app. Sin embargo, la respuesta institucional ante accidentes y robos de bicicletas suele ser limitada, tardía o inexistente. Mientras que las plataformas se centran en optimizar los flujos de reparto y el gobierno aborda la seguridad urbana a mayor escala, los trabajadores sienten que con frecuencia se ven obligados a ocuparse por sí mismos de lo que les pasa en el día a día.

Como resultado, los delivreros han desarrollado estrategias para afrontar la incertidumbre. A nivel individual, hacen que sus bicis parezcan más antiguas o menos valiosas, ocultan la marca y el modelo, evitan zonas de alto riesgo en determinados momentos, utilizan varios candados o quitan las baterías e instalan varios GPS. A nivel colectivo, los trabajadores han transformado las plataformas digitales en una red distribuida a través de la cual el conocimiento circula por toda la ciudad. Algo que es importante destacar es que estas estrategias no son exclusivas de Nueva York. En distintas partes del mundo, los repartidores desarrollan formas similares de protegerse y reducir la incertidumbre, aunque las prácticas concretas dependen de los riesgos y desafíos que enfrentan en cada contexto (Chan, 2021; Arriaga, 2023; Huang, 2023 Yohanna et. al., 2024; Bonhomme & Muldoon 2025; Iazzolino et. al., 2026 Baldry et. al., 2026). 

Entre 2021 y 2026, hice una investigación etnográfica con repartidores de comida en Nueva York. Mi investigación incluyó entrevistas y observación participante. Al mismo tiempo estuve observando conversaciones en grupos de WhatsApp y Facebook. La comunidad de repartidores con la que estuve trabajando es de comunidades indígenas de México y Guatemala. Establecí mi relación con ellos a partir de referencias culturales compartidas, idioma y a través de mi participación en su vida cotidiana. Los acompañé durante sus entregas de comida, asistí a vigilias por repartidores fallecidos, presencié la recuperación de bicicletas robadas y pasé mucho tiempo con ellos en sus guardias comunitarias. Aquí comparto algunas de las reflexiones que obtuve de esta experiencia y cómo estas ampliaron mi entendimiento de cómo las plataformas digitales facilitan la acción colectiva y los mecanismos de responsabilidad entre los repartidores.

Observando la Ciudad

A medida que pasaba más tiempo en los grupos de WhatsApp y Facebook, fui notando que estos espacios eran mucho más que lugares para hablar sobre el trabajo. En ellos se compartía y construía constantemente conocimiento sobre la ciudad: dónde había ocurrido un robo, qué zonas era mejor evitar, dónde había presencia policial o dónde otros repartidores podían encontrar ayuda. Investigadores sociales han mostrado cómo los trabajadores de plataformas digitales utilizan estos espacios para organizarse, construir solidaridad y resistir las condiciones impuestas por las plataformas para las que trabajan (Tassinari y Maccarrone 2020; Lei 2021; Muñoz y Martínez 2022; Zhou y Pun 2022; Grohmann, Mendonça y Woodcock 2023; Pei 2026). Sin embargo, mientras más tiempo pasaba en estas redes en Nueva York, más claro se volvía que su función iba más allá de la resistencia o del apoyo entre trabajadores. Empecé a entender los grupos de Facebook y WhatsApp como infraestructuras (Star 1999): redes en las que los repartidores confiaban para orientarse y entender lo que sucedía a su alrededor. En conjunto, estos intercambios iban formando una especie de mapa colectivo de la ciudad, actualizado continuamente a partir de los encuentros cotidianos de los trabajadores con los riesgos urbanos.

¿Cómo Determinan los Repartidores en Qué Información Confiar?

El reporte de una bici robada, aceite derramado en la calle, presencia policial o un accidente solo adquiere importancia a través de un proceso colectivo de verificación. Por ejemplo, cuando un trabajador reporta una bici robada, los demás miembros del grupo preguntan por detalles adicionales como la ubicación, fotografías o características que permitan identificarla. Los repartidores que se encuentran cerca de la zona reportada comienzan inmediatamente a buscarla y comienzan a reportar en tiempo real si la han visto pasar y en qué dirección se dirige. En este proceso, las observaciones individuales adquieren credibilidad al conectarse con las de otros: los trabajadores corroboran y complementan la información compartida hasta que colectivamente localizan la bici. Estos procesos de verificación también permiten entender por qué documentar lo que sucede en tiempo real se ha vuelto tan importante para los repartidores.

Esta dinámica la experimenté por primera vez mientras acompañaba a Marco (uno de los fundadores del grupo) y a varios repartidores durante una de sus transmisiones en vivo. Mientras transmitían, Marco recibió un mensaje en uno de los grupos de WhatsApp en el que se informaba que un repartidor se había accidentado. Inmediatamente Marco leyó el mensaje en el live y preguntó a la audiencia si alguien que estuviera cerca sabía qué había ocurrido o podía proporcionar más detalles. “Si alguien está por la zona, avísenos”, dijo, y añadió que seguirían recopilando información y manteniendo a quienes veían el live al tanto de lo que sucedía. Inmediatamente comenzaron a llegar mensajes. Algunos confirmaban la ubicación del accidente, otros compartían fotografías, o describían lo que podían ver en el lugar.

De esta forma, las transmisiones en vivo permiten que lo que los trabajadores ven o experimentan en la calle se convierta en evidencia que puede ser vista y compartida públicamente, más allá del lugar donde ocurre. Frases como “estamos aquí con el ladrón” construyen credibilidad a partir de la presencia y la observación directa. Cuando Marco me dijo: “nosotros somos los que vemos la realidad; somos los que estamos en la calle”, hacía explícito el valor que los trabajadores atribuyen a estar presentes y ver las cosas de primera mano como una forma de producir conocimiento confiable.

Decidiendo Juntos

A medida que continuaba observando las conversaciones, noté que los repartidores también tomaban decisiones colectivamente. Cuando surgían dudas prácticas o éticas, recurrían a los grupos de WhatsApp para pedir consejos, considerar diferentes puntos de vista y decidir qué hacer. ¿Deberían confrontar a alguien sospechoso de haber robado una bicicleta o esperar a que llegara la policía? ¿Deberían dejar una bicicleta abandonada donde la encontraron o llevarla a un lugar seguro mientras intentaban localizar a su dueño?

Por ejemplo, después de encontrarse con un repartidor herido cuya bicicleta corría el riesgo de ser robada, un miembro del grupo pidió consejos en WhatsApp. Los miembros debatieron las posibles respuestas, evaluaron los riesgos y ofrecieron recomendaciones. Al recurrir al grupo, el trabajador reconocía a la comunidad como una fuente legítima para la toma de decisiones. De esta manera, la responsabilidad se distribuye a través de la red en lugar de recaer sobre una sola persona.

Estas interacciones sugieren que las infraestructuras digitales pueden convertirse en espacios de gobernanza colectiva (Kelty 2009; Gillespie 2009). Más que facilitar simplemente la comunicación, ayudan a los trabajadores a negociar responsabilidades, establecer expectativas compartidas y producir formas de juicio moral. Las mismas redes digitales que les permiten saber qué está sucediendo en distintos puntos de la ciudad se convierten también en espacios donde deciden cómo responder.

Haciéndose Visibles en la Ciudad

Estas infraestructuras también contribuyen a formar y sostener identidades colectivas. A través de las transmisiones en vivo, los repartidores construyen narrativas que cuestionan las representaciones dominantes de los trabajadores migrantes. En lugar de mostrarse solamente como trabajadores aislados bajo el control de plataformas digitales, los repartidores hacen visibles las redes de ayuda, protección y responsabilidad que construyen entre ellos.

Por ejemplo, un día, el grupo decidió limpiar el puente Willis. El puente forma parte de la infraestructura cotidiana de su trabajo y es utilizado diariamente por muchos de los repartidores que viven en el Bronx y se desplazan a Manhattan para trabajar. Marco y Miguel transmitieron la limpieza en vivo, explicando que querían contribuir a la ciudad cuidando un lugar del que dependían todos los días. Al mismo tiempo, utilizaron la transmisión para protestar sobre la poca iluminación del puente y pedir a la ciudad que la mejorara para reducir el riesgo de robos. De esta forma, en los lives, los trabajadores articulan formas alternativas de entender el trabajo, la migración y su comunidad, mientras producen simultáneamente un sentido compartido de pertenencia a la ciudad.

Construyendo Conocimiento Colectivo

Estas observaciones ampliaron mi manera de entender el papel de las plataformas digitales en la vida de los repartidores. A través de ellas, los repartidores producen conocimiento sobre la ciudad, intercambian recursos, negocian responsabilidades, se cuidan unos a otros y construyen identidades.

El trabajo en plataformas suele entenderse a partir de los sistemas que gestionan a los trabajadores: algoritmos, calificaciones, sistemas de geolocalización y aplicaciones que coordinan el movimiento de personas y mercancías. Sin embargo, los trabajadores también utilizan estas mismas herramientas digitales para fines que las plataformas no necesariamente habían previsto. La infraestructura creada para distribuir el trabajo por la ciudad se convierte, en manos de los trabajadores, en una infraestructura de solidaridad, conocimiento, cuidado y vida colectiva. Lo que comenzó como una pregunta sobre cómo los repartidores enfrentan el riesgo terminó llevándome a una pregunta más amplia: ¿qué construyen los trabajadores alrededor de las plataformas que organizan su trabajo? Más allá de estrategias para sobrevivir a la incertidumbre, o el peligro, descubrí que construyen redes de conocimiento, cuidado, solidaridad y acción colectiva que hacen posible otra forma de habitar y trabajar en la ciudad.


Esta entrada de blog forma parte de la serie sobre el futuro del trabajo. Fue seleccionada por la editora colaboradora Kanikka Sersia y revisada por la editora colaboradora Seon Shim.

Referencias

Arriagada, A. (2023). The gig economy in Chile: Examining labor conditions and the nature of gig work in a Global South country. Digital Geography Society. 

Baldry, K., Koekemoer, E. & Chantal, O. (2026). The Pursuit of Decent Work in Precarious Contexts: Motorbike Delivery Riders’ Psychological Experiences. Journal of Career Assessment. 

Bonhomme, M & Muldoon, J. (2025). Racism and food delivery platforms: shaping migrants’ work experiences and future expectations in the United Kingdom and Chile. Ethnic and Racial Studies. 48. 1-24. 

Chan, J. (2021). Hunger for profit: how food delivery platforms manage couriers in China. Sociologias. 23. 58-82. 

Gillespie, T. 2018. Custodians of the Internet: Platforms, Content Moderation, and the Hidden Decisions That Shape Social Media.

Huang, H. (2023). “The Food Delivered is More Valuable Than My Life”: Understanding the Platform Precarity of Online Food-Delivery Work in China. Journal of Contemporary Asia, 53(5), 852–868. 

Iazzolino, G., Celoria, E., & Varesio, A. (2026). The Algorithmic–Bureaucratic Precarization of Migrant Food Delivery Workers in Italy. International Migration Review, 60(1), 181-203. 

Kelty, C., M. 2009. Two Bits: The Cultural Significance of Free Software. Duke University Press.

Lei Y-W (2021) Delivering solidarity: platform architecture and collective contention in China’s platform economy. American Sociological Review 86(2): 279–309.

Muñoz KM and Martinez AD (2022) Self-organization among delivery platforms workers in neoliberal Latin American countries. The cases of Peru and Chile. Journal of Labor and Society 25: 299–328.

Pei, L. (2026). Making a global gig workers’ movement meaningful locally: Friction in activists’ everyday strategies. New Media & Society, 28(8), 3863-3879.

Rafael Grohmann, Mateus Mendonça & Jamie Woodcock (2023), “Communication and Work From Below: The Role of Communication in Organizing Delivery Platform Workers” — this is probably the single most important citation for your paper. 

Star, S. L. (1999). The Ethnography of Infrastructure. American Behavioral Scientist, 43(3), 377-391.

Tassinari A and Maccarrone V (2020) Riders on the storm: workplace solidarity among Gig economy couriers in Italy and the UK. Work, Employment and Society 34(1): 35–54.

Yohanna Sánchez, D., Maldonado, O. J., Agudelo-Londoño, S., Hernández, M., Hernández, L. J., Suárez-Morales, Z. B. (2024). Infrastructuring platform delivery work: exclusions, coercions and resistance in delivery platforms’ migrant work in Bogotá, Colombia. Tapuya: Latin American Science, Technology and Society, 7(1). 

Zhou Y and Pun N (2022) Affording worker solidarity in motion: theorising the intersection between social media and agential practices in the platform economy. new media & society 26(8): 4885–4903.

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