La técnica Zettelkasten consiste en escribir tus ideas en fichas y asignarles un código que te permite ordenar y ramificar esas ideas para conectarlas entre ellas. Cuando regresas al archivo de notas semanas, meses, o incluso años después, lo que encuentras ahí muchas veces te sorprende. Dado que la capacidad de extrañamiento y sorpresa es algo valioso en los procesos de investigación, quiero explicar cómo creo que ocurre este fenómeno. Al hacerlo, aprovecharé para presentar un argumento en contra de la representación de las cajas de notas como “Segundos cerebros para la productividad”, que es como se han popularizado en los últimos años. En su lugar, partiendo de mi experiencia, abogaré por verlas desde un marco de una temporalidad lenta y crip, como medios para incomodar las concepciones tradicionales sobre el valor de la preservación y la “gestión” del conocimiento. Propondré una mirada experimental, abierta a modos frágiles de existencia y de conocer, ubicados a medio camino entre la luz y la sombra (Souriau, 2016: 220).

“Conexiones serendípicas” (Pintura fosforescente, lámina de plástico y papel).
Imagen de la autora.
Cuando empecé a usar la técnica Zettelkasten como una estrategia para tomar notas me llamó la atención que la gente en algunos foros digitales describiera su interacción con sus ficheros con esa imagen: la de encontrarse con un fantasma dentro de la caja. La expresión fue usada por Niklas Luhmann —el desarrollador más popular de esta técnica— en su propio Zettelkasten para referir al desconcierto, incluso la decepción, que sentían los curiosos que se asomaban a su archivo de fichas y no veían nada espectacular (ZK II Zettel 9/8,3). El sociólogo alemán también llegó a aludir a una cierta espectralidad cuando jugaba con la idea de la existencia de fichas bromistas (tipo comodín) que cambiaban de lugar, se ocultaban y desaparecían tan pronto como uno abría el archivo (ZK II Zettel 9/8j). Sin embargo, lo que los usuarios del Zettelkasten refieren cuando hablan del efecto del fantasma en la caja —y que yo misma he podido constatar en numerosas ocasiones en los cinco años de trabajo con mis propios archiveros, físico y digital —son experiencias extrañas, incluso tenebrosas [spooky],[1] en las que se hace evidente que el Zettelkasten es mucho más que las partes que lo componen. Como si hubiera alguien o algo más ahí, en la caja siempre aparecen más ideas de las que unx ha ingresado (Luhmann, 1992, ZK II Zettel 9/8e).
Hay ciertos aspectos formales en el diseño de un Zettelkasten que lo hacen un excelente generador de sorpresas. El más importante, desde mi punto de vista, es que las notas no están ordenadas jerárquica ni temáticamente (Luhmann, 1992); es decir, no ordenas tus fichas según las ordenarías para redactar un escrito. Lo que le da valor a una ficha son las relaciones que puede establecer con otras fichas. Las fichas se añaden mirando con qué fichas existentes se pueden conectar las nuevas fichas y estas se insertan siguiendo un orden ramificado.[2] Esto convierte al Zettelkasten en una herramienta no-lineal, muy potente para la investigación y para la escritura: 1. porque la posibilidad de combinación de fichas es inmensa; y 2. porque la simple interacción con la caja produce “accidentes felices” que pueden llegar a ser sumamente generativos.
Algunas de las sorpresas más frecuentes surgen de:
- El error: A veces te encuentras con una nota mal colocada. Los errores y accidentes pueden detonar preguntas e ideas que no te hubieras planteado.
- El azar: Una forma muy productiva de hacer conexiones insospechadas es sacar notas al azar. (El azar puede reintroducir una nota inactiva.)
- El olvido: Hay notas y regiones del archivo que se olvidan, simplemente ya no regresamos a ellas. Es una des-selección que no hemos hecho conscientemente.
- El desacuerdo: Colocar en orden una nueva nota te obliga a revisar las que ya estaban ahí. Sin que te lo propongas, al regresar sobre notas viejas las lees con otros ojos. Surgen matices, contraejemplos, contraargumentos y nuevas preguntas.
- Perder una nota: Buscar una ficha dentro de la caja es una forma de redescubrir notas que, sin tener una relación preexistente, pueden llegar a dialogar magníficamente entre ellas.
Estas situaciones inesperadas, no-intencionales, en las que vemos el fantasma de la caja en acción no solo son disparadoras de nuevas ideas y perspectivas sobre lo escrito, también ayudan a cuestionar algunos presupuestos sobre el valor de archivar y “gestionar” conocimiento. Para ofrecer un contrapeso a la representación del Zettelkasten que se ha difundido recientemente en la cultura de la productividad basada en la gestión del conocimiento personal (PKM), me gustaría enfatizar la metáfora que usa Luhmann cuando refiere al fichero como el “complejo sistema digestivo de un rumiante” (ZK II Zettel 9/8i). Creo que esta imagen ilumina mejor mi experiencia cotidiana de trabajar con mi archivo de notas, tanto en su versión análoga como digital. Para mí, una caja de notas, si bien es emocionante e intelectualmente gratificante, toma su tiempo y es un proceso que puede llegar a ser bastante caótico (pues no sigue una única línea de pensamiento, sino muchas líneas que no necesitan ser coherentes entre sí). No siempre es lo más eficiente ni se obtienen resultados más rápidamente, como pretende la popular idea de un Segundo cerebro (Forte, 2022).
La propuesta de una creatividad y memoria “mejoradas tecnológicamente” es sumamente seductora en los tiempos de la fast academia y el paperismo. Basta ver la admiración con la que se menciona en las comunidades digitales de usuarios de estas técnicas que Niklas Luhmann, escribió más de 50 libros y 400 artículos de esta forma. “Tú puedes ser así de productivo”, “si gestionas tu conocimiento puedes lograr lo que te propongas” es el mensaje de muchos videos y artículos de blogs de personal knowledge management. Pero, ¿y si, en vez de imaginarnos como poderosos managers de conocimiento, nos imaginamos como aliados de edificios en obra negra[3] repletos de fantasmas que nos invitan a no-saber en la presencia de… (De la Cadena, 2021), al des-aprendizaje, a las exploraciones tentativas, a los trayectos? (Souriau, 2016).
Entonces tal vez la cuestión no se trate de compensar la “fragilidad de nuestros cerebros biológicos” (Forte, 2022: 4). De hecho, me parece que un archivo, incluso en su versión digital, es un objeto mucho más frágil e inestable de lo que parece. Siguiendo con la metáfora del fantasma, uno se lleva sustos cuando las notas desaparecen por algún problema técnico; por ejemplo, cuando se borra de pronto el contenido de una nota, se crean duplicados fantasma,[4] o se corrompe un archivo. Es poco frecuente, pero cuando ocurre vemos que no tenemos un control absoluto sobre los archivos, ellos son también, a su manera, vulnerables. Por eso vale la pena aproximarnos a las relaciones que establecemos con ellos en clave crip. He descubierto que las cajas de notas son especialmente útiles para personas neurodivergentes y locas. Nos dan una estructura que a veces el mundo físico no tiene. Nos permiten ordenar nuestros pensamientos y sí, realizar nuestros proyectos, cuando se siente que el mundo va a otro ritmo. Pero conviene poner el énfasis, no en la autonomía y el empoderamiento —otorgado por “to outsource the job of remembering to intelligent machines” (Tiago, 2022, p. 18)—, sino en las alianzas entre seres con modos de existencia tenues, titubeantes y falibles.

Screenshot de mis notas digitales en vista de gráfico. Imagen de la autora.
El ensamblaje Zettelkasten-humanx conforma agencias heterogéneas que pueden colaborar en condiciones informacionales y materiales altamente complejas. Para poder entender la especificidad ontológica de esta mancuerna —que, insisto, se vive más como habitar una casa embrujada, que un edificio inteligente con alta tecnología de seguridad— vale la pena regresar a la promesa de Tiago Forte acerca de volvernos capaces de recordarlo todo. Es verdad que quienes tenemos el hábito de tomar notas y organizarlas para poder volver a ellas más tarde tenemos una suerte de memoria “expandida”. Pero, a mi modo de ver, no en el sentido de una súper memoria, sino de un proceso de permanente explosión, de derramamiento pegajoso. Hay cosas que vemos, leemos y discutimos que se nos pegan mientras que hay otras que no; saberlo nos permite dimensionar los procesos de selección que realizamos muchas veces de forma inconsciente. Cuando tomamos notas juzgamos la importancia de ciertas cuestiones, mientras que desestimamos la de otras. Por eso pienso que el Zettelkasten es una técnica de toma de notas cuyo valor no es almacenar información para gestionarla eficientemente, sino ser una herramienta acompañante que nos permite des-archivar ideas que emergieron en momentos específicos, ver los presupuestos que las sostenían, rumiarlas, verlas desde múltiples ángulos, dudar y experimentar probando con otras posibles ramificaciones. Podemos hacer todo esto “a conciencia”, pero cuando se vuelve más sorprendente y disfrutable es cuando nuestro compañero nos indica, a su modo otro, qué desarchivar y cuándo. Me refiero a esos momentos en los que azarosamente se siente la presencia del fantasma dentro de la caja.
Notas
[1] Ver la interesante conversación que se desarrolla en: Scott P. Scheper. (2023, enero 18). Zettelkasten and consciousness (“The ghost in the box”). Solo como una aclaración, en mi interpretación del efecto del fantasma en la caja, sigo una línea teórica STS, prestando atención en la agencia de la caja y sus aspectos infraestructurales, mientras que me distancio de que lecturas que ven el Zettelkasten como una consciencia o una mente. Incluso pensándolo como un “compañero de comunicación” (Luhmann, 1992) me parece apropiado conceptualizarlo como un sistema informático, no uno psíquico.
[2] Una explicación más detallada de cómo funciona esta técnica de toma de notas puede encontrarse en: https://zettelkasten.de/introduction/
[3] Permanente obra negra es el título de un libro de la escritora y editora mexicana Vivian Abenshushan. Inspirada en David Markson y Walter Benjamin, la autora explora el formato del fichero como medio experimental de escritura, jugando con las posibilidades que ofrece su fragmentariedad e inacabamiento.
[4] No confundir este problema técnico con lo que en la comunidad de usuarios de Obsidian se conoce como “notas fantasma”, esto es, un enlace a una nota que todavía no ha sido creada, pero existe (si bien, virtualmente) y puede ser referenciada dentro del sistema.
Referencias
Abenshushan, V. (2019). Permanente obra negra. Sexto Piso.
De la Cadena, M. (2021). Not knowing: In the presence of …. En: A. Ballestero & B.R. Winthereik (Eds.), Experimenting with ethnography: A companion to analysis (pp. 246–256), Duke University Press.
Forte, T. (2022). Building a second brain: A proven method to organize your digital life and unlock your creative potential. Atria Books.
Luhmann, N. (1992). Kommunikation mit Zettelkästen: Ein Erfahrungsbericht. En Universität als Milieu: Kleine Schriften. Verlag Cordula Haux. [Traduccion al inglés en: https://luhmann.surge.sh/communicating-with-slip-boxes]
Souriau, É. (2016). The different modes of existence. University of Minnesota Press.
Scheper, S. (2023, enero 18). Zettelkasten and consciousness (“The ghost in the box”) [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=nZHvp_evKYU