Una crisis revivida, la incertidumbre viral, y el cuidado militarizado: el coronavirus después del golpe ambiguo de Bolivia
Nota del editor: Esta publicación es la segunda en nuestra serie “COVID-19: Perspectivas desde el campo.” Lea aquí una introducción escrita por la organizadora de la serie Rebekah Ciribassi. La crisis de COVID 19 arribó en Bolivia justo después de las fiestas de carnaval. El Domingo 22 de Febrero, cofradías de bailarines vestidos en trajes vistosos bailaron a ritmos de salay, caporales, morenadas, y chacareras, realizando su entrada en las calles de Oruro, una ciudad minera que se conoce en Bolivia como el capital del folclore carnavalero. El día Martes que sucedió, Martes ch’alla, gente en todo el país se juntó para ch’allar sus casas en familia, quemando mesas tradicionales y salpicando cerveza en sus pisos para brindar la buena suerte para el año. Dos semanas después, se confirmó el primer caso de coronavirus en Bolivia, empezando una cascada de medidas cada vez más extremas que incluyeron el cierre de fronteras internacionales, toque de queda a partir de las 5 de la tarde, y finalmente una cuarentena total a nivel nacional que solo permite que una persona por familia salga para abastecerse, durante un par de horas, un día por semana, según el numero de su carnet de identificación nacional. (read more...)